Desde pequeña, Noemí creció en un entorno donde pintarse los labios, llevar minifalda o desear era pecado. Donde ser femenina era, para muchos, sinónimo de ser frívola, provocadora o, directamente, una amenaza.
La capacidad de predecir cómo serán nuestras propias vidas no existe porque la precariedad ha dinamitado la posibilidad de visualizar nuestro futuro. Las dinámicas se han configurado para que todo dure poco: compra lo que vas a cenar...