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Puede afirmarse que las formas de la jirafa no son ni elegantes ni agraciadas. Su corto tronco, sus patas traseras más cortas que las delanteras, la desmesurada longitud de su cuello, la inclinación de su lomo, su grupa deforme y su larga cola desprovista de pelo contrastan de manera desconcertante. Parece malhecha, anda con un equilibrio precario. Sin embargo, uno queda fascinado al verla y la encuentra bella sin acertar a explicarse las razones de semejante fascinación.
Monsieur Salze, Academia de Ciencias de Marsella, Diciembre de 1826
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