
Cuando miramos alrededor tenemos más posibilidades de ver lo que pensamos que vamos a ver que de descubrir algo nuevo, especialmente algo sutil. La mirada ha caído en el papel de sirviente de una pobre menmte desvalida en un mundo lleno de objetos sin alma. Miramos a las plantas como a objetos que crecen, reduciendo a eso su papel de seres vivos. Tomamos a los animales como programa de instintos, el valor de las piedras e incluso de los magníficos cristales lo reducimos a adorno o a símbolo de poder valoranod sobre todo la escasez. Y eso es lo que obtenemos: un mundo escaso, desvitalizado y sin alma en el que vivimos asustados de la propia vida y aburridos.



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