
MÍO AMOR
LOS DÍAS TERRESTRES
La Parroquia
Yo subía a la iglesia los vientos con mi madre
bajo su chal de lana escardada y suavísima;
pero el invierno entonces y yo era casi un niño,
y la lluvia cantaba como una flauta triste,
la lluvia de las gárgolas y de los canalones.
El hojaldrero iba con su cesta de lata
pregonando y el frío se llenaba de aroma;
los portales tenían su farol encendido
durante aquellas noches de parroquia y de invierno.
Pero luego, de pronto, llegó la primavera
y en el parque se abrieron los rojos ciclamores,
y el chorro de la fuente era como un hermoso
lirio verde de vidrio turbador que gemía.
Y con la primavera floreció mi rosario,
que tenía las glorias de pimienta labrada
y un olor de pinares, de ajenjos y de ermitas.
Y todos los altares se cubrieron de rosas
y las esbeltas velas enarcaron sus cuellos,
y era su luz más amplia, más difusa y más suave,
porque todo lo puede la primavera ardiente.
Y entonces, una tarde, yo te vi de rodillas
entre un bello retablo y unos reclinatorios.
Y sentí que mi alma comenzaba a moverse,
mi alma que hasta entonces no se había movido,
que eran tus manos como desvaídas hortensias
y como las frambuesas de encendidos tus labios.
Y sé que dije a mi alma cosas que no recuerdo,
pero que están dormidas, esperando a la aurora.
Y vi que la alegría era sólo tristeza,
una inmensa tristeza que florece en nosotros
con perfumes de rosas vagas y parroquiales,
de rosas que han besado el incienso y los cirios
durante los fragantes novenarios de mayo.
Y vi que la tristeza era sólo alegría,
la alegría de haberte descubierto entre vírgenes,
entre altares de mármol y oscuras sardónices,
la alegría de aquella sonrisa, más hermosa
para mí que el hechizo que trae la primavera.
ÍNDICE
NOTA PREVIA de Vicente Tortajada
LOS DÍAS TERRESTRES
La parroquia
Vacaciones
Desvanes
Otoño
Aquí estaré
Te amé
Hora del llanto
'El calabrés'
Finales de mayo
El viejo sollozo
Carta de una dama
La despedida
POEMAS ANCESTRALES
Puesta de sol
Aria triste
Tres poemas
Himno
A Santa Teresa
Ocaso en Poley
Libros
Del amor
La albahaca
Consejo
Aquellos fundamentos
Antinomia
La fuente y la muerte
Cántico
Somnia
Deidades adversísimas
Resurrección
Amarte
Tu sortija
Inmortalidad
Fe de erratas
Nocturno
Canción antigua
Acoso en Poley
Todo en tu amor dolíame
Razón de amor
Endecha
Yo te amé en silencio
De la vida
Yo sé
Una carta
En donde
Lacrimario
Lamento
Envío
Fracaso
Un poema
Hipérbaton
La limosna
EPÍSTOLAS A LOS IPAGRENSES
Epístola V
TESELAS PARA UN MOSAICO
Protegido en Betania
¿Sabes, tierno Fabricio
En una tablilla antigua
En Taormina -¿en junio?-
¿Cómo no sumergirse en el remanso
Al visitar la casa
Llamaron al teléfono
Oh bello y raudo Ascanio
De pupitre a pupitre
Con discreta frecuencia
Por una sola noche
Sólo una cosa temo
Vamos al río, vamos
De rosas nunca vestiré mi cuerpo
Ligera y más esbelta
Las azucenas me recuerdan-¡lástima
Cínnias de oro o alhelíes cárdenos
Salve, Regina (escúchame
He perdido tu Aeneidos
Claudiquemos, duquesa
Quienes por un designio fatal fuimos llamados
Cuando-como ya es norma
Huyendo de Sodoma
Oh salaz colombroño
Peca mucho y oféndeme
Si al fin te has decidido
En una burda hoja
SONETOS COMO PUEBLOS
Moriles surge al paso del poeta en trance
Canto a Poley
A Cabra
Fernán-Núñez
De la guerra
Nada
La cal
A Montilla
HIMNOS A LOS ÁRBOLES
Himno I
HImno II
Himno III
Himno IV
Himno V
Himno VII
LA GORRIATA
Tus manos
A lo divino
OTROS POEMAS
Serie cromática
Coplas del amor y España
Canto a Bernabé
Plaza octogonal
La mentira
María Callas
La Golondrina
Viaje al retorno
Expiración
Llueve
SOFISMA
Ser, no ser
De la vida, de la muerte
De la verdad, la mentira y el error
Saber, pensar
El silencio y la palabra
Objetos y signos
La memoria y el tiempo
Ethos
Estética
Erótica
Madre, padre
Ludológica
EPÍLOGO de Juan Lamillar



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