
El ferrocarril muestra habitualmente una imagen de paz, tranquilidad y orden, pues ¿qué hay de más regular y concertado que una estación de tren con sus horarios fijos y sus ferroviarios apacibles y perfectamente conocedores de su oficio? Sin embargo, esto no siempre ha sido así: en tiempo de guerra, estas máquinas, hombres e infraestructura de paz se transformaron en armas letales y decididos guerreros, en una imagen generalmente desconocida.
En etse libro se da un repaso a esa historia singular del ferrocarril español, de hombres e ingenios que tuvieron que enfrentarse a otros hombres con su herramienta de trabajo, que a la vez era lo que más querían: los trenes. Esta situación se dio en nuestro país varias veces en poco menos de una centuria, desde 1868 hasta 1939. Esperemos que nunca más se repita.



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