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FINITA LA PERVERSA
CAPÍTULO I
Arturo Roldán quedó casi anonadado ante lo insólito del caso.
Al llegar aquella mañana a la redacción de "El Grito Cotidiano", encontróse sobre la mesa una carta dirigida a él. ¡A él, a quien jamás nadie había dirigido carta alguna!
¿Se trataría de una equivocación?
Miró y remiró el sobre, y aun antes de decidirse a abrirlo -lo más sencillo para salir de dudas- llamó al ordenanza para inquirir "si al dejar la misiva ¡no habían dicho de quién era!".
El ordenanza rió francamente al escuchar la simplicidad, y socarronamente aconsejóle lo viera él mismo, sistema el más eficaz para salir de dudas, cosa que no habíasele ocurrido a Roldán. ¡Tal era su asombro!
Decidióse al fin, y rasgando nerviosamente el sobre inquirió con ansia la firma: "Una bella admiradora de sus escritos", decía aquélla. La curiosidad de Arturo llegó al paroxismo.
Pero ¡diablo! ¿Sería posible que, al cabo de sus veintiocho años, una admiradora se acordase del santo de su nombre y le escribiera amorosamente? ¿Pero iba a resultar que era verdad aquella fantasía literaria de que había mujeresque se dirigían a los escritores favoritos para testimoniarles su afecto o cariño nacido al impulso de sus producciones?.
Pensó en seguida si no se trataría de una broma de los amigotes o compañeros de profesión. Pero no; él, con su proverbial seriedad, habíase puesto a cubierto de tales desmanes.
Bien es verdad que su fama, por él mismo propagada, en punto a conquistas, era verdaderamente tenoriesca y temible. Él contaba múltiples y repetidos casos de admiradoras de todas las condiciones sociales, rendidas al flujo de su pluma de escritor galante de moda.
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