
La formulación ignaciana de la «consolación sin causa precedente» expresa la posibilidad de relación de encuentro y encuentro directo con la dimensión más diáfana del mismo Dios. ¿Es una exageración lingüística o una afirmación expresa eso de que Dios se comunica de manera inmediata con el ser humano? El autor estudia con rigor filosófico y teológico el problema que plantea semejante relación entre el totalmente Otro y el hombre. No se trata, por cierto, de una experiencia rara, oscura e inexplicable, sino más frecuente de lo que se cree.



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