
Dios es más allá de todo nuestro ser y trasciende todo nuestro hablar. Pero, a la vez, se encuentra siempre con nosotros y crea relaciones personales que nos hacen sentir y practicar su fuerza salvadora, a través de las más diversas imágenes en continuo crecimiento. Así descalifica y quiere arrancar de nosotros otros imaginarios sobre Él que nos pueblan, le desfiguran, blasfeman su buen nombre y cierran a sus hijos la puerta de entrada al hogar de su mesa y amistad. Jesús le trataba como Abba, y es a partir de esta invocación como tenemos que leer las demás imágenes de Dios que nos ofrece el Antiguo Testamento.



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