
Medicina bioenergética
Durante milenios, el hombre defendió su salud con las pociones que preparaban los chamanes, en las que predominaban los componentes vegetales, posiblemente porque eran los elementos más asequibles. Empíricamente, se seleccionaban los integrantes más útiles y así se fueron conformando, en el transcurso de los siglos, las medicinas locales o folklóricas, algunas de las cuales, por transmisión oral o escrita, han llegado hasta nosotros. En Europa, todavía en el siglo XVI se usaban, sin grandes variaciones , las medicinas practicadas en la antigüedad (Egipto, Grecia, Roma o el Oriente próximo). En esta centuria, se verificaron grandes cambios en la medicina europea, que nos ha llevado al desarrollo que actualmente disfruta. Los cambios se iniciaron con la incorporación a la Farmacopea europea, de las drogas descubiertas en las medicinas tradicionales, por científicos, fundamentalmente españoles y portugueses, en sus viajes a los países americanos y asiáticos recién conquistados. Estos científicos encontraron en algunos de estos países, medicinas locales más desarrolladas que la europea de aquella época. Por ejemplo, la china o las de algunas de las regiones americanas, como la del Perú, y sobre todo, la azteca, perteneciente a una de las culturas más desarrolladas en México. Estas medicinas folklóricas, han sido fuente inagotable de fármacos de uso muy positivo en medicina, como, por ejemplo, la quinina, estricnina, cocaína, emetina, efedrina, etc.
Pero la verdadera revolución científica que condujo rápidamente al desarrollo actual de la medicina, se inició en el siglo XIX, cuando un grupo de científicos geniales sentaron las bases de la química orgánica, la microbiología y la bioquímica. Estos descubrimientos, permitieron aislar y determinar la estructura de moléculas tan complejas como las mencionadas, que poseen plantas desconocidas en Europa, pero que forman parte de las drogas usadas en aquellas regiones.
El éxito inicial de algunos de estos metabolitos vegetales, impulsó la investigación fitoquímica, pero en la mayoría de los casos, la demanda de la industria farmacéutica no pudo ser atendida, debido a que la cantidad de plantas en estos metabolitos secundarios era muy pequeña, por lo que los químicos acometieron la aventura de sintetizarlos, tarea ésta prácticamente imposible.
En muchos casos, se invirtieron años de trabajo y un gran coste económico para llegar a un rendimiento muy pobre, lo que impidió el uso popular de los fármacos experimentados con éxito. Este problema se subsanó cuando se descubrieron derivados simplificados de fármacos complejos, que poseían actividad farmacológica semejante al producto natural, incluso, algunas veces, con propiedades más enérgicas, y que al mismo tiempo, resultaban de fácil acceso por síntesis. Por este motivo, se impulsó extraordinariamente el desarrollo de la síntesis orgánica a partir de los años 1905-7, cuando Ehrlich acuñó el término «quimioterapia», desarrollado a base de drogas sintéticas organometálicas. Así, durante la primera mitad de esta centuria, la síntesis orgánica de fármacos adquirió una gran preponderancia, pasando a segundo término la investigación fitoquímica, aunque ésta continuó enriqueciendo la medicina con fármacos novedosos y con capítulos de metabolitos bioactivos tan importantes como el de las vitaminas, hormonas, antibióticos o antivíricos.
Sin embargo, durante las últimas décadas, hemos vivido un resurgimiento del interés por todo lo natural, debido, en primer lugar, a la alarma social que han provocado los científicos y las asociaciones ecologistas, a los que pronto se sumaron los medios de comunicación y los políticos. Se han convocado importantes convenciones para tratar el grave problema de la conservación de las especies. Los científicos han puesto de manifiesto que desaparecen cada año miles de especies absolutamente desconocidas, implicando , si nos referimos a los vegetales, que constantemente perdemos la posibilidad de obtener moléculas útiles para el hombre.
Este problema, unido a otros que sufre la Naturaleza, significa una grave amenaza para la existencia de los seres que viven sobre la Tierra. En las últimas décadas, aunque los botánicos, farmacólogos y químicos, han aumentado sus ritmos de producción considerablemente, resulta insignificante frente a las necesidades contrastadas para llegar a conocer mejor nuestro Planeta.
Este resurgir del interés por lo natural, también ha repercutido en la medicina, debido al recelo suscitado en los últimos años por algunas drogas sintéticas, consideradas demasiado enérgicas, poco selectivas, causantes de efectos secundarios y por añadidura, generando, algunas veces, afecciones yatrogénicas indeseables, algunas veces graves, por lo que, últimamente, ha crecido la demanda de la industria farmacéutica de fármacos naturales más suaves y selectivos. También existe interés, por parte de esta industria, de nuevas moléculas naturales bioactivas, con el fin de que sirvan de modelos estructurales, para sus trabajos de síntesis. Ello ha revalorizado la investigación de los metabolitos secundarios, que el desarrollo extraordinario de la tecnología ha transformado, en muchas ocasiones, en un trabajo de rutina.
La investigación sintética y fitoquímica de productos bioactivos, ha formado durante esta centuria, sobre todo en su segunda mitad, una enorme bolsa de estas molécula que ha causado el desarrollo actual de la Medicina, la Biología, la Biorgánica y otras ramas de las ciencias relacionadas, como la Biología Molecular, cuyo desarrollo durante los últimos años, ha sido sorprendente. Esto, ha permitido profundizar en el conocimiento del mecanismo de acción de los receptores biológicos.
Basados en el auge adquirido por la investigación en ramas de la ciencia relacionadas con la Medicina, fundamentalmente la Biorgánica y la Biología Molecular, no resulta aventurado predecir que, en un futuro no muy lejano, la industria farmacéutica pueda obtener, con relativa facilidad, un fármaco con las características adecuadas para combatir una enfermedad nueva, tratada con una droga inadecuada, o provocada por mutantes de microbios y virus.
Las medicinas tradicionales, con un uso limitado en los países en desarrollo, hace unas décadas que recibieron un excelente reconocimiento, cuando la OMS reunió un grupo de expertos para estudiar la situación sanitaria del Mundo y establecer propuestas para mejorarla antes del año 2000. Este grupo de expertos, estimó que en esos momentos, el 80% de la población mundial se hallaba desatendida por la «medicina oficial», fundamentalmente en los países en desarrollo. Estos expertos pensaron que, este elevado porcentaje bajaría al 20% hacia el año 2000, si los enfermos desatendidos fuesen tratados con las medicinas locales. Pero los gobiernos tenían que implantar importantes programas de investigación en farmacología y fitoquímica, con la colaboración científica y económica de los países más desarrollados, con el fin de evaluar las drogas tradicionales de acuerdo con las técnicas más modernas. Estas recomendaciones no se llevaron a la práctica, ni el porcentaje de personas desatendidas ha bajado drásticamente en las proximidades del año 2.000.
Algunas de estas recomendaciones han sido incorporadas por los profesores Sergio A. Gutiérrez Morales y Víctor Smith-Agreda en su obra «BIOMEDICINA: Fundamentos, Práctica Clínica e Investigación». Así, por ejemplo, después de tratar sobre temas generales como: «Evolución, de la materia iónica a la vida»; «Origen natural de la vida y origen sintético», etc., desarrollan con toda minuciosidad temas como la FITOTERAPIA, después de relacionar aspectos generales del tema, exponen un elevado número de plantas medicinales usadas en la preparación de drogas en las medicinas tradicionales, y las clasifican por principios activos e indicaciones terapéuticas. Igual tratamiento hacen con el capítulo de ANESTESIA Y ANALGESIA POR ACUPUNTURA, citan las últimas investigaciones relacionadas con la BIOENERGÉTICA y se refieren a las realizadas por ellos, destacando el interés de algunos puntos de las mismas, tales como el origen embriológico de la Bioenergética, o el cálculo de las que ellos han denominado Biofrecuencias de Trabajo Electromagnético, BfTE, de los tejidos, sistemas y funciones orgánicas. Los otros temas, concernientes a la medicina moderna, los tratan con la misma pulcritud, sencillez y sentido pedagógico, propia de profesores con experiencia investigadora, e incluso, para los temas que consideran insuficientemente investigados: «.se han planteado las bases y los posibles protocolos de investigación, dejando abiertos nuevos caminos, para que éstos continúen».
Antonio González González
Catedrático de Ciencias Químicas, Rector Honorífico y Profesor Emérito de la Universidad de La Laguna. Premio Príncipe de Asturias de Ciencias e Investigación



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