Es cierto que en los últimos tiempos parece vivirse cierta recuperación editorial del cuento literario, con la publicación de antologías de diverso contenido y perspectiva, y que ya no resulta tan raro como hace dos décadas que se publiquen dentro del tráfico normal de la narrativa libros de cuentos, pero a la hora de señalar los puntos de atención y apoyo que el cuento ha encontrado en estos azarosos tiempos, por encima de las modas y los oportunismos, no pueden olvidarse los concursos como el que ahora nos ocupa ni las revistas literarias como Turia, en cuyas páginas estos cuentos, y otros muchos, han tenido una especial oportunidad para su difusión. En estos cuentos hay diferentes recursos y ámbitos: humor, incursiones en lo exótico, voluntad expresionista. Conviene resaltar que incluso los que pudieran considerarse estrictamente realistas muestran en su composición y elementos dramáticos la evolución que, en términos generales, se ha producido en nuestra ficción a lo largo de los últimos años, en busca de una mayor presencia de sustancia literaria.
José María Merino (del Prólogo a la presente edición)
A la orilla del Turia, por las calles de la ciudad de los Amantes, entre el ajedrezado mudéjar de un patrimonio de la humanidad y los ecos calandinos de los tambores de Semana Santa, que Luis Buñuel hizo «rompida» de pasiones cinematográficas, pueden surgir todos los cuentos. Teruel se ha manifestado tierra de creación literaria, que inspira y convoca cuentos. Y he aquí, Todo son cuentos, los que diez años del Concurso Teruel de Relatos ha ido seleccionando en medio de una dificultad imposible: destacar entre centenares de originales los frutos más granados del eterno arte de contar historias.
Porque el Concurso Teruel de Relatos, convocado por la Sección Literaria del Instituto de Estudios Turolenses, de la Diputación de Teruel, se ha convertido en uno de los certámenes con mayor poder de convocatoria del panorama literario español. Su dotación económica, la publicación de los relatos premiados en la revista cultural Turia, los prestigiosos componentes de sus jurados, por interesantes que puedan ser, no parecen explicar de todo el fenómeno, más de cuatrocientos originales en su última convocatoria.
La explicación sólo puede estar, en consecuencia, en el nombre de Teruel, en la magia especial que ejerce esta ciudad vinculada al toro más pequeño, el entrañable torico, y a la locura de amor más grande, que inspiró al mismísimo Boccacio, a la tierra de los paisajes desconocidos más hermosos del mundo, la serranía del Maestrazgo, donde el general Cabrera aposentó el cuartel general de su empecinado caudillismo, y la de ese Bajo Aragón, criador de olivos, y del mejor aceite de España, región mitificada a partes iguales por la cuaresma y Buñuel.
Estos cuentos representan, como podrá comprobarse con su lectura, una de las más patentes demostraciones de que el cuento español está en uno de sus mejores momentos. Sus autores ofrecen en este volumen portentosas historias en las que se armonizan imaginación y eso tan viejo y tan apasionante como es el arte de contar. Géneros varios, ambientes y estilos que trazan toda suerte de posibilidades, ofrecen un panorama plural y apasionado de la nueva cuentística española. Todo son cuentos, pero no unos cuentos cualquiera.