Cuando se analiza la calidad de la comida, el servicio y los alojamientos, el excelente récord de seguridad de sus telesillas y teleféricos, la eficiencia en el control de seguridad de las pistas, la gran reputación de las escuelas de esquí suizas, el encanto de las aldeas de las montañas y la sobriedad y belleza de las ciudades y poblados en torno a los grandes lagos, no queda ninguna duda de que un viaje a Suiza merece realmente lo que cuesta.
Ginebra se percibe elegante, activa, moderna y atrevida, aunque ambigua. Porque al mismo tiempo presume de urbe tradicional y cara, silenciosa y rutinaria, sometida aún a la rigidez implantada por Calvino en 1541. La riqueza, el lujo y las tiendas complementan la oferta cultural, aderezan las ferias de salón y los festivales callejeros, adornan sus amplios paseos y generosos parques.
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