Una vez allí, Sara se aloja en una habitación distinta a la que ocupaba antes de que muriese su abuela. Esa era la habitación del tío Moncho, alguien a quien ni siquiera llegó a conocer. Sara intuye que una presencia extraña y sobrenatural ronda por esa habitación. Al principio se asusta, pero luego, tras descubrir una serie de cartas de amor pertenecientes al tío Moncho, Sara se empieza a interesar por su vida. De esta forma se entera de que el tío Ramón salía con una mujer llamada Sara y que, durante la Guerra Civil, él fue encarcelado y ella, tras esperar un tiempo, emigró a Argentina, donde conoció a otro exiliado y se enamoró de él. El tío Ramón habla en sus cartas desde la cárcel de un pequeño cementerio en la isla de San Simón, donde le gusta recluirse para reflexionar. Allí asegura haber escondido algo.
Cuando Sara le cuenta esto a su madre, ambas deciden hacer una visita a ese cementerio. Allí, en la misma tumba donde el tío Moncho se reclinaba para pensar, madre e hija descubren el objeto que éste escondió: un anillo de oro con el nombre de Sara inscrito en él. En ese momento, Sara y su madre sienten esa presencia sobrenatural que la joven había sentido en la habitación de la casa de su abuela. Las dos no dudan en pensar que es la despedida de Ramón, que tras haber solucionado todo lo que tenía pendiente en el mundo de los vivos puede descansar en paz.
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