El carácter orgulloso e indomable de los cretenses ha sido moldeado por siglos de asedios, batallas y hambrunas, pero la cálida hospitalidad de la gente se debe, sobre todo, a su clima mediterráneo. A las largas y luminosas mañanas les sigue un almuerzo en familia y una siesta de dos o tres horas. El trabajo finaliza a las ocho de la tarde, cuando es el momento de la vólta o paseo vespertino. Si hay algo que adoran los isleños son las fiestas y todos participan en la celebración del día del santo y otras fiestas religiosas en las que los visitantes son bienvenidos.
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*Para península. Tiempo estimado para días laborables